Hasta hace poco yo decía que no le tenía miedo a nada. Hace unos días cambié de opinión y ya le tengo miedo a algo: A morir. Pero no a morir ya estando viejita o con miles de hijos y millones de nietos y bisnietos. No. Creo que ese día, si llegara a suceder, al contrario, más feliz moriría.
Porque ya quizá habré cumplido mi misión en esta tierra, ya habré dejado a mis hijos con sus respectivas familias y ya habré ido tan siquiera a un concierto de Metallica. Si no, no me puedo morir.
Tengo miedo a morir a esta edad, a esta edad que todavía tengo metas por cumplir. Que todavía no experimento el ser madre, que no comparto miles de cosas con mi familia y con el hombre que se arriesgue a estar a mi lado.
Hace unos días cambié de opinión porque yo soy alérgica a un medicamento, desafortunadamente para que se dieran cuenta que lo soy indiscutiblemente, me lo tuvieron que inyectar tres veces pero en diferentes momentos.
La primera vez ni yo ni el médico del Seguro Social sabíamos y fue porque no aguantaba un dolor de pecho por tos y me lo inyectaron. A los cinco minutos ya estaba con presión baja y vómito, y me tuvieron que meter a urgencias e inyectarme Dexametasona para la reacción que tuve y administrar dos sueros. Esa vez, el médico no me dijo que era alergia, simplemente me cayó mal y que quizá por no haber desayunado. Para colmo, el haberme bajado la presión y con dos sueros no lo consideraban incapacidad por un día, pero logré que sí me pusieran la incapacidad. Maldito médico.
La segunda vez fue el año pasado, a últimos de noviembre. Fui a un consultorio médico, y me preguntó si era alérgica a algo, por lo que dije que no y también a los minutos de inyectarme, me volví a poner mal y ahora con ronchas y vómito. Nuevamente la dexametasona hizo su trabajo.
La tercera vez fue el jueves pasado, fue uno de los días que más miedo he tenido a morir: El médico me inyectó una ampolleta pero sin darse cuenta que tenía ese medicamento venenoso para mí. Él ya sabía que yo era alérgica a eso, pero pensó que una pequeña dosis no me haría daño. Error gravísimo. Aún estoy pensando en demandarlo.
Cuando empecé a sentir comezón en mi encía, en mis brazos y en mis orejas; es cuando sentí el miedo. Ese miedo de saber que iba a pasar por lo mismo, de que se me iba a bajar la presión, de que me iba a llenar de ronchas y de que si no me inyectaban la Dexametasona a tiempo, ese medicamento-veneno para mí podía lograr hacer su trabajo maligno en mí hasta no poder respirar. Me puse muy nerviosa, sentía que ahí iba a quedar y que el médico no iba a llegar con el medicamento que me sacaba de esa reacción.
Y desde ese día, agradezco que sigo aquí. Agradezco a la Dexametasona y me tendré que poner una cadena diciendo que soy alérgica a la Dipirona y ni untada me la pueden poner.
¿Por qué les cuento esto?
Por varias razones:
1.- Quería volver a escribir. A expresarme aunque sea con algo muy mío y que a la mayoría no les interesa.
2.- Quería expresarles mi nuevo miedo.
3.- Y porque creo que es el principio de un nuevo año para escribir. Espero no dejarlo.
Tengan excelente noche de martes.



